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Lunes 29 de enero de 2001

En Belgrano, Núñez y Recoleta se quejan por la aparición de ratas.

Ya no se trata de un problema restringido a barrios como la Boca o San Telmo. Se calcula que en las calles porteñas hay entre 3 y 4 roedores por habitante · Pero en los sectores más afectados pueden llegar a 7.

El problema de los roedores, que tradicionalmente afectaba a las zonas de la ciudad más cercanas al río y al puerto, ahora es también una pesadilla en otros barrios. Vecinos de Recoleta, Núñez y Belgrano se quejan por la aparición de ratas en los últimos meses.
"Hace poco, las plantas de mi balcón aparecieron carcomidas y con hoyos en la tierra. Primero pensé que eran los pajaritos, pero después descubrí que eran las ratas: las vi corriendo por el borde de la baranda", cuenta Miguel Lantermino, quien vive en un octavo piso de Ayacucho al 1700, en Recoleta.
"Muchos vecinos me comentaron que también vieron ratas rondando por sus balcones y en lugares donde antes, aparentemente, no había", dice Lantermino, quien es el presidente de la Asociación Vecinal del barrio.
Según su relato, las ratas trepan por el tendido de los cables aéreos para llegar hasta su piso. Y después simplemente huyen, con mucha habilidad, de la misma manera.
Según los vecinos, tres de las razones por las que las ratas se convirtieron en una amenaza frecuente en Recoleta son:

La acumulación de basura que se produce por la gran cantidad de restaurantes que hay en la zona.

La cercanía de las vías del ferrocarril, en Retiro, donde hay vagones de carga que transportan granos.

La excavación de varios metros de profundidad que se realizó para levantar el complejo Village Recoleta, que estuvo abierta durante mucho tiempo.

"Y, por suerte, en el cementerio hay muchos gatos. Porque si no sería mucho peor", sostiene Lantermino.
Los vecinos de Núñez, por su parte, también se quejan por la aparición de ratas en el barrio.
Las últimas inundaciones y las plazas poco frecuentadas en las que se acumula basura son algunas de las razones para estas visitas no deseadas.
Las frecuentes lluvias e inundaciones que hubo este año afectaron especialmente el barrio de Núñez. Pero el agua no es el único mal que vienen soportando sus habitantes. Una vez que baja el agua, quedan residuos. Y con ellos aparecen los roedores.
"Desde hace un mes y medio, cuando ocurrió la última sudestada grande, empezaron a aumentar las denuncias por ratas. Recibimos casi diez por semana y llevamos las quejas al Centro de Gestión y Participación del barrio, pero a veces quedan ahí", cuenta María del Valle Mosto, presidenta del Foro Vecinal de Núñez.

La zona más afectada de ese barrio es la cercana a la estación Rivadavia del ex Ferrocarril Mitre, justo antes del límite con Vicente López.
Muy cerca de la estación, en Ramallo y O''Higgins, está la plaza Félix Lima, que ocupa una manzana y donde cada vez se junta más basura.

"Esa plaza hasta hace poco era un centro de reunión muy importante del barrio, pero por la inseguridad ahora está casi vacía y aislada. Entonces la gente empieza a tirar basura y la recolección habitual no es suficiente", se queja Mosto.
Además, en los alrededores de la estación Rivadavia se están construyendo tres torres de 40 pisos y para eso se hicieron excavaciones profundas en tierras ganadas al río. Los vecinos creen que esos pozos también contribuyeron a aumentar el número de roedores en la zona.
En Belgrano R, mientras tanto, empezaron a aparecer ratas desde hace un mes. "Hace mucho tiempo que me dedico a administrar consorcios en la zona y ésta es la primera vez que escucho quejas de los vecinos sobre el tema", comenta Raúl Carrillo, secretario de la Asociación de Fomento de Belgrano R. En las cercanías de esa estación hay un local de comidas de grandes dimensiones que está cerrado desde hace meses. Los vecinos están convencidos de que ése es un foco que propicia la aparición de roedores.
Según las autoridades porteñas, las ratas son una de las plagas que deben soportar los porteños por vivir en una gran ciudad. Y proliferan donde hay más aglomeraciones.
"Sin embargo, no hay un incremento de estos roedores en algunas zonas y tampoco se puede llevar un registro preciso de cuántas ratas hay", señala Diego Martínez, director general de Control de Calidad Ambiental, encargado del control de las plagas urbanas.


Hacia el centro

Aunque es difícil calcular la cantidad de ratas en las calles porteñas, las últimas cifras —de hace tres años— indican que hay entre 3 y 4 roedores por habitante. Y en las zonas más afectadas llegan a 7.
Desde la Boca y San Telmo, donde estuvieron históricamente, se fueron desplazando hacia el centro de la ciudad, ahuyentadas por las obras para frenar las inundaciones. Ahora, aparentemente, siguen su desplazamiento hacia el norte de la ciudad.
Por una ley promulgada en 1934 (ver Un problema...), la comuna tiene la obligación de desarrollar controles y acciones directas en forma periódica en edificios públicos como colegios —donde se realizan desratizaciones anuales—, en los espacios verdes y en los terrenos baldíos.
Las empresas de desratización ubican entre octubre y abril el período en que más pedidos reciben. "Nos llaman de todos los barrios, pero principalmente de las zonas cercanas al puerto. Pero la crisis disminuyó mucho la demanda de trabajos preventivos que se hacían habitualmente en barrios como Belgrano, Núñez o Recoleta. Ahora nos llaman cuando el problema ya está instalado", comenta Hilda Sapienza, de la empresa Codepla (Control de Plagas).
"Por lo general nos requieren de zonas donde hay obras en construcción y edificios en reciclaje y de barrios cercanos al río y al Riachuelo. En Núñez, las ratas también aparecieron con la construcción del subte", afirma Gloria Keserman, de la empresa PCO.
"Pero además es muy importante que los vecinos tomen conciencia sobre ciertas normas de higiene para prevenir cualquier plaga —advierte Martínez—. En el caso de las ratas hay que evitar la acumulación de basura y de malezas, almacenar los alimentos en buenas condiciones y mantener limpios los sótanos. También, tapar huecos y grietas."


Un problema de varios siglos

El problema de las ratas existe en la ciudad desde la época de su fundación. Cuando Buenos Aires era todavía una aldea, las preocupaciones más graves de los vecinos pasaban por los ataques de los indios y por la presencia de ratas y hormigas.
En 1611, una invasión de ratas inquietó a tal punto a sus habitantes que llevó a deliberar al Cabildo para buscar una solución.
Después de un largo debate, se resolvió buscarle un patrono protector a la ciudad. Como no había consenso, se decidieron al azar por San Simón Judas.
Pero hubo más: se realizaron decenas de misas y procesiones en su nombre pidiendo que los roedores abandonaran la ciudad.
Mucho después, ya durante el siglo XX (1934), se decidió promulgar la ley de peste murina, después de que —a partir de 1930— se registraron varios casos de fiebre amarilla, de la que la rata es uno de sus agentes.
La ley, aún vigente, obliga a las autoridades a combatir a los roedores y a tomar medidas preventivas contra esta plaga.


Transmisoras de enfermedades

Las ratas pueden transmitir alrededor de 35 enfermedades, entre ellas parásitos, salmonelosis y distintas afecciones bacterianas como la escherichia coli, que produce diarrea.
El contagio se produce principalmente por mordeduras del animal enfermo o de uno sano en proceso de incubación, o por contacto con el excremento del animal.
Estos roedores también pueden tener participación secundaria en el contagio de enfermedades como la triquinosis, el botulismo, el tifus murino, la rabia y otras infecciones. Para combatirlos, es fundamental la limpieza del hogar,
evitar los huecos, aleros o bajo pisos de madera que puedan utilizar como refugios.
En cuanto a los lugares al aire libre, se aconseja que los baldíos permanezcan libres de malezas y de basura. También es necesario tener en cuenta que si se guardan alimentos, éstos tienen que estar cerrados y en lugares muy limpios.
Además de desratizar y mantener la casa en condiciones higiénicas, una de las recetas más efectivas para espantar las ratas es la presencia de un gato. Sólo con el olor del felino, los roedores huyen.


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